Por detrás del muro

Enviado por Dr. Victor Segura Lemus, Medicina Interna - Cuidados Intensivos el 2021-11-03.

¿Dónde está tu hermano? Aquella pregunta señalaba el pecado cometido por aquel hombre. Sin embargo, disimulando que no había tal falta, preguntó a su interrogador: ¿ Soy yo acaso guarda de mi hermano?...

Suecia le apostó a la inmunidad en rebaño y la realidad nos muestra que su mortalidad no ha sido tan diferente a la de otros países que optaron por estrategias diferentes. Durante la pandemia hemos aprendido que ese sueño podría ser posible si: la capacidad infectiva del virus no cambia, la movilidad de la población se mantiene reducida y la inmunización, sea por infección o vacunación, alcanza el 95% como meta. De acuerdo con Google, la movilidad de los salvadoreños se encuentra en rangos prepandemia. Esta es una medida en la que todos podemos colaborar y la que el gobierno puede reducir con algunas acciones. A medida el virus se replica y se transmite, surgen en forma logarítmica las probabilidades de una nueva mutación. Para evitar este proceso debe reducirse o detenerse el contagio con medidas como: el empleo de máscaras, el aislamiento y el lavado de manos, que seguirán siendo las herramientas más eficaces para este control ¿Qué hemos hecho al respecto? No hubo gol para gritar, pero si mucho contagio con los gritos y cantos. El SARS-CoV2 viaja inserto en las pequeñas partículas de saliva que pueden alcanzar una distancia de hasta 6 metros luego de un estornudo o grito. De acuerdo con los lineamientos de la FIFA, debe existir una distancia mínima de 85 cm. entre asientos en un estadio de fútbol. Tomando este dato, entenderás que cuando una persona grita tiene la probabilidad de rociar sus aerosoles infectantes a cerca de 6 personas por delante. Si ahora esto lo multiplicas por 31,000 asistentes podrás entender que no hay vacuna capaz de detener tal insensatez en medio de una pandemia ¿Por qué el MINSAL lo permitió? ¿Por qué el MINSAL no luchó para reducir la magnitud de los riesgos? ¿Nuestros hijos son culpables cuando cometen un error por ignorancia de los riesgos? ¿No debería ser nuestro deber advertirles y a veces impedirlo, cuando el raciocinio no basta para que se infrinjan daño por sí mismos?

“Las nuevas variantes del coronavirus convierten a la inmunidad de rebaño en una meta inalcanzable a corto plazo, no siendo posible sin vacunar al 95% de la población”, reza uno de los editoriales de agosto del periódico “El País”. Para alcanzar esta meta será necesario inmunizar a los menores de 12 años. ¿Cuántos salvadoreños están en ese rango de edad? De acuerdo con las pirámides poblacionales publicadas, son un poco más de 1 millón de personas (el 17% de los habitantes). Tal parece que esta es la estrategia, a la cual el país se encuentra apostando, ante la crisis actual del SARSCoV-2. Conforme baja la edad, el balance riesgo/beneficio de las vacunas decrece, ya que también disminuye la gravedad de la enfermedad. Aunque las posibilidades de un efecto secundario grave sean bajas, cada uno de nosotros debería plantearse lo que Federico de Montalvo, presidente del comité de Bioética de España, expone: ¿Sería ético que los niños sufriesen un riesgo por proteger a la sociedad, mientras hay adultos que no se ponen la vacuna por que no quieren? Esto obliga al gobierno y al MINSAL a retomar el debate sobre la vacunación obligatoria en adultos, una vez agotados los esfuerzos por la vacunación voluntaria. ¡Por cierto! Creo que lo están intentando, pero a la vuelta de la esquina tendrán que plantearse este dilema. Habría que discutir en otro escrito si existen evidencias científicas o no para tal medida,o al menos preguntarle a Israel cuáles fueron las consideraciones.

En nuestro terruño querido la muerte suele ser una ficción. Imagino que, en la época de la guerra, la mayoría de los desaparecidos nunca existieron (lo digo en susurro). Esa misma calculadora parece seguir funcionando en la actualidad. Los datos de la página del covid 19 nos ilustran que cerca de 1000 salvadoreños deben de estar ingresados, en una unidad crítica en este momento, por la gravedad de sus síntomas. Esto nos alerta de que el sistema se está saturando y que estamos al límite. Esto sin considerar la falta de recurso humano para lograr tal atención de salud. Pero aún hay esperanza ¡La curva bajará! Por sí sola o con un poco de ayuda fantasmal. De todos modos, la calculadora pone a veces y otras no.

…la voz de Abel clamó desde la tierra y por ese llanto fue maldito Caín que quiso ocultar su pecado detrás del muro, ¡el cual será de granito!, pero la verdad transpira a través de las rendijas, hasta alcanzar los ojos y oídos de aquel que sabe juzgar con total imparcialidad.

Médico intensivista.

Dr. Victor Segura Lemus

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